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El Bosco: El Jardín o la Historia de la humanidad

EL BOSCO: REPRESENTACIÓN DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD
 

Celebramos este año 2016 el V centenario de la muerte del insigne pintor, el mismo año que murió Fernando el Católico, que por azares del destino cruzó indirectamente su camino con aquél. Cruzo el camino gracias a su yerno, Felipe el Hermoso, príncipe borgoñés, marido de su hija Juana, apodada la Loca. Y que casi 80 años después será adquirida su obra mayor, El Jardín de las Delicias, por un sucesor suyo, Felipe II.
Pues bien, El Bosco es un pintor tachado de atípico por el atrevimiento a pintar con un tono tan moderno en un tiempo tan distinto. Es notorio que nuestra civilización, gótica para más señas, admire tanto a su autor. Y no es para menos, ni para más. No era un artista irreverente, es más su arte encaja perfectamente en la ortodoxia cristiana.
Vivió en pleno Renacimiento, cuando todavía el Cristianismo se podía llamar Ecumene o Cristiandad, pero a punto de surgir la gran división con el Protestantismo y las consecuentes guerras civiles. El ejemplo de la Iglesia no era lo mejor, fue sin duda el Papado con mejores mecenas y los más brillantes artistas, pero dio lugar a un desenfreno en todos los órdenes, poder, sexo, dinero. Vidas intensas y aventuradas. La Sacra Doctrina se resquebrajaba, y los hombres caían lentamente en el olvido. El Bosco percibió claramente estos signos. Y a su modo actúo con lo que mejor sabía, pintar.
Y nos regalo toda una galería de obras de primer nivel, muy en la línea del espíritu flamenco, distinto al florentino o italiano. El norte de Europa arrastraba toda un tradición del claro oscuro, reflejado en Van Eyck por ejemplo. El sur, más luminoso, resaltaba el colorido y la luz, incidiendo en la armonía de las formas. Los flamencos ciertamente no desmerecían en el color, pero tenían algo diferente, el juego de luz en sus cuadros.
De todas las obras, la más conocida es EL Jardín de las Delicias, y no en vano, pues quizá sea el único cuadro que resalta toda la historia de la humanidad. Primero, a su forma en tríptico se le añaden divisiones de orden pitagórico-hermético. Los tonos más que sombríos del Infierno reflejan claramente los últimos tiempos.
El tema principal, el Jardín, parece un tapiz donde se desarrollan escenas aparentemente escandalosas, abrazos, besos, cópulas, banquetes y todo tipo de relaciones. Es la imagen del Paraíso perdido, donde el pecado era desconocido. Lo más parecido a un mandala tántrico. Las posibilidades de los hombres en todas sus variables, inocencia, juego, salto, danza, baño, canto.  El cuadro tiene tres niveles de lectura en cada panel, en total nueve lecturas de cómo es el Mundo y hacia dónde va. El último panel retrata el Fin del mundo.
Las demás obras del Bosco gozan de enorme aceptación, señalando los vicios y pecados de los hombres. Sea la Nave d elos locos, o bien la Tabla de los siete pecados capitales, o el Juicio Final, sito en Viena, y muchos otros, dan para la reflexión y la universalidad de la desobediencia ante el Creador.

 



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