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NO qué sea, sino qué es el honor, tema hoy día difamado y ausente de cualquier mente "políticamente correcta", que junto a otro término, la "virtud", denostada igualmente de nuestro vocabulario, so pena de ser considerada como algo obsoleto, es sin embargo aquello que dio brillo a toda una cultura a lo largo de más de dos milenios. Antonio Medrano, escritor y conferenciante explica en qué ha consistido el honor a lo largo de la historia, tanto social, literaria y filosóficamente, Hemos entresacado algunas líneas de su obra. El honor como validez de toda moral, he aquí el enfoque de Medrano.

 

Antonio Medrano – la Senda del honor.

“El honor es flor que crece en lo alto de la Montaña del Ser y del Sol. Florece en las altas cumbres, cual majestuosa, sencilla y radiante edelweiss. Esta bella flor alpina, de color blanco y con hojas en forma de estrella, en la que se sintetiza el misterio, la belleza y la grandeza de la montaña, viene a ser un excelente emblema del honor. Con su noble blancura (eso es lo que significa su nombre: edel, "noble" y weiss, "blanco" ) en la cual parece cuajarse el esplendor de las cimas nevadas, nos habla de la pureza y elevación de la vida honrosa. Al igual que la edelweiss, el honor crece y vive en una atmósfera en la que se respira un aire puro, fresco, blanco y radiante, como de alta montaña, lejos de las miserias mundanas. En él se condensa el aroma serícico y sátvico de la cordillera del ser, sobre cuyos picos cubiertos de nieve reverbera la luz del sol espiritual (la nieve, como símbolo de salva, por su color blanco, evoca las ideas de verdad, inocencia y pureza). Y ese aroma de altas cumbres es lo que el honor derrama sobre el valle de nuestro devenir terreno infundiéndole un olor y regusto de eternidad…La conquista de esa inmarcesible y luminosa flor está reservada a los buenos montañeros, a los audaces y tenaces escaladores del ser. Cuanto más alto subamos en la Montaña del Ser, más probabilidades tendremos de alcanzar esa flor inmarcesible, más podremos gozar de ella, más podremos llenarnos de su belleza y su fragancia. Al ascender por dicha montaña nosotros mismos nos convertimos en cumbre donde brota la flor nívea y solar. Llegaremos así a ser “hombre-cumbre” o “mujer-cumbre”, o al menos nos iremos aproximando a meta tan sublime”.
“el honor es equiparado simbólicamente al fuego, a una llama u hoguera, a una antorcha, al oro, al diamante, a una joya o piedra preciosa, a una coraza dorada o incluso al Sol… (el honor está) asociado a objetos y seres de claro simbolismo solar como la espada, la oriflama, el águila, la rosa, la edelweiss, el crisantemo o la flor de loto”.


Los individuos groseros y vulgares, que forman parte de la masa y tienen alma de esclavos buscan la felicidad en el placer y por eso “aman la vida voluptuosa” , lo cual les hace vivir como bestias, constata con realista crudeza Aristóteles. Por el contrario los seres nobles, agrega el Estagirita, prefieren guiarse por el honor, en el que cifran su bien y ventura. De ahí que pueda afirmarse, según el filósofo griego, que el honor es el fin y razón de ser de la vida política. Estas personas superiores, de espiíritu refinado y exigente, que son las que hacen posible el orden político “aspiran al honor para persuadirse a sí mismas de su propia virtud (virtus N.N)”, y para ello buscan el ser honradas por los hombres prudentes y sensatos que puedan conocer, procurando que el honor que se le reconoce esté basado, en el mérito, en el recto cumplimiento del deber. Vuelve a aflorear en estas meditaciones éticas de Aristóteles el tema de la importancia del honor como fundamento del estido de vida aristocrático, como resorte que hace posible una sana convivencia con los hombres y la construcción de una comunidad políticamente organizada.
En el mismo juicio coincide Oswald Spengler, para quien el sentimiento del honor constituye la base insustituible de la excelencia, de la verdadera nobleza y del justo orden social. “Todo lo que llamamos deber, la premisa de cualquier derecho auténtico, la sustancia de toda moral noble, se basa en el honor”. Tanto el campesino como el artesano, el militar como el comerciante, el funcionario como el miembro de una familia principesca o real, tienen cada cual su honor, comenta Spengler. Y es ese sentido de honor lo que les hace desempeñar bien su función y cumplir sus deberes que a ella van conexos. Quien no tiene honor, quien por el honor no siente el menor aprecio y no se preocupa lo más mínimo de presntarse con decoro ante sí mismo y ante su prójimo, es ordinario, grosero, vulgar, gemein. Solo es realmente noble, selecto, y distinguido quien se preocupa por mantener limpio y en alto el honor. Por eso concluye el autor de la Decadencia de Occidente, la diferencia entre ordinariez y nobleza, entre vulgaridad y distinción, entre Gemeinheit y Vornehmheit no ha de ser medida por el dinero, sino por el sentido del honor, lo que es tanto como decir por el “instinto para vivir y el sentir nobles”.
En su obra capital, Spengler hace un canto encendido al honor como fuerza sustentadora de la moral o costumbre tradicional (lo que en alemán designa el término Sitte, dedifícil traducción y equivalente al francés moeurs, “buena costumbre”) y de la cultura aristocrática que de ella se nutre. “El concepto fundamental de toda moral viva es el honor. Todo lo demás, fidelidad, humildad, valentía, caballerosidad, autodomino, decisión, está comprendido dentro de él”………
El padre Juan de Mariana en su tratado De Rege, en el que analiza la naturaleza de la Monarquía y las cualidades que han de adornar a un buen rey, explica cómo el amor al honor y la gloria lleva a los hombres a cumplir con sus deberes y por eso debe ser una culaidda del Rey o del buen dirigente. “El amor a la gloria no está fundado enla opinión del vulgo sino en la misma naturaleza humana” afirma este eminente historiador y pensador de nuestro Siglo de Oro…….
Adels Mutter, die Ehr, Adels Tochter, die Wehr, reza un viejo proverbio alemán: “La madre d ela nobleza es la honra, la hija d ela nobleza la combatividad”. Dicho aforismo puede verterse al español, y diría algo así como: “el honor es el padre de la nobleza”, pero ocurre que el honor es femenino en alemán, die Ehre, de ahí que se le haya dado el título de Madre (Mutter). Por lo que se refiere a Wehr, con el que se cierra la frase citada para rimar con Ehr, encierra una alusión a la valentía y a la actitud luchadora, sin las cuales es imposible una actitud honrosa. Wehr significa literalmente “defensa” o “resistencia” , sich wehren “defenderse” u “oponer resistencia”; Whersdenst “servicio militar” (cabe recordar el antiguo nombre del ejercito alemán: die Wehrmacht, literalmente “poder defensivo” o el actual nombre de Bundeswehr “ejército o defensa federal”). El mencinado adagio sitúa por tanto a la nobleza entre el honor y el ánimo combativo, entre la honra y la vocación heroica como si estas fueran las dos palancas que les dan vida.
En su espléndida traducción en verso de la Divina Comedia del Dante, recreación en lengua española de la grandiosa obra del vate toscano , el Conde Cheste nos presenta al honor como uno de lo los tres fines de la vida humana, junto al conocimiento y la virtud. Estas son las tres cosas que dan sentido a la vida y para las cuales fue creado el hombre. Aunque la palabra honor no figura en el original italiano, Juan de Pezuela lo incluye por exigencias d ela rima, interpretando fielmente el sentir del Dante, para quien la virtud es inseparable del honor, y ofreciéndonos así un bello secreto que se engarza cual y valiosa joya en el conjunto de ese soberbio monumento que es el sacro poema dantesco vertido con el mejor sentido dantesco a la lengua de Cervantes:


Considerad vuestra inmortal esencia;
No ha vegetar cual brutos fuisteis hechos
Más a ganar virtud, honor y ciencia


Este tema triangular (honor, virtud, ciencia) se corresponde con el que antes habíamos comentado (honor, deber y patria) al que completa, y completa viniendo a ser como su contrapartida interna. Si el segundo alude más bien a la faz externa de la vida noble, la vida del hombre en sociedad, el primero nos habla de la vertiente interior de esa misma vida noble, la vida estrictoamente personal del ser humano, con sus vivencias íntimas y su propia realización espiritual. (pag 25-27 La Senda del Honor, J. A. Medrano)



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