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El Preste Juan: Mito y Leyenda

Aunque vivimos en un mundo al extremo de su materialización, paradójico en cuanto todo es virtual con los medios electrónicos, conun dominio cuasi absoluto de la materia, entendida en el sentido griego (physis) río en el que Heráklito indicaba que nunca uno se vuelve a bañar en el mismo. Con ello quiere decir que la "corriente de las formas" está en su máxima expresión.

Pues bien, esta percepción materializada de la Realidad (res-rex) puede llevarnos a pensar que el pensamiento antiguo, el mito, ya ha pasado de moda, no tiene lugar. En cambio nada más inexacto puesto que como vemos por doquier el hombre necesta de un contenido formal para sustentarse, es decir, una Welltanschauung o cosmovisión que de sentido a su existtencia. Algo parecido podemos decir del Mito del Preste Juan, para unos existente, para otros mero cuento.....

Hemos traido a colación el libro de Pablo Villarrrubia sobre El fantástico Reyno del Preste Juan, y parte de su introducción.


 


 

LA CONFIGURACIÓN LEGENDARIA

 


Mucho se ha hablado del misterioso y desaparecido continente de Atlántida, de la búsqueda de El Dorado y sus riquezas infinitas, de las ciudades perdidas de América, de islas fantasmales como la de San Brandán, o de la misteriosa e ignota tierra de la reina de Saba,
amada del rey Salomón. Estas leyendas —bajo las cuales probablemente subyacen historias verdaderas— han sido recordadas por muchos autores y los míticos paisajes donde se desarrollan han enturbiado la imaginación de muchos aventureros. Algunos lugares, como el mítico El Dorado, no han desaparecido del imaginario occidental e incluso en la actualidad constituyen el anhelado objetivo de algunos entusiastas. Es el caso, por ejemplo, del explorador anglo-chileno Roland Stevenson, que pretende hallar las ciudades de oro desde su base en medio de la selva amazónica brasileña. Él ha demostrado que el sueño o la fantasía pueden tener base real. Tan importante como los relatos legendarios señalados, otro mito ocupó el pensamiento occidental desde los siglos oscuros de la Edad Media: la fantástica historia del Preste Juan de las Indias, un rey que, en tiempos pasados, fue tan famoso e importante como
el rey Arturo.
A estas alturas de los estudios históricos la duda es si el Preste Juan fue realmente un monarca-sacerdote (rex et sacerdos) de carne y hueso, pero mitificado, o si el personaje se configuró como un hábil artificio de algunos intelectuales de la baja Edad Media para llevar a cabo un inteligente plan cuyos objetivos no están muy claros. A lo largo de las próximas páginas tendré la oportunidad de exponer varias hipótesis que ofrezcan algunas respuestas.
 El fantástico reino del Preste Juan sito de este singular personaje. Algunas teorías —tal vez— sean en exceso osadas, y no pretenden estar exentas de crítica, pero resultan tan interesantes que merece la pena compartirlas con historiadores y especialistas en la materia.
El reino del Preste Juan supera con creces todos los sueños y anhelos de los hombres del Medioevo e incluso de los hombres del siglo XXI. ¿Existió realmente el maravilloso reino del orgulloso y prepotente monarca cristiano en algún lugar de Oriente? ¿Fue ese lugar una quimera, como los continentes desaparecidos de Atlántida, Lemuria y otros reinos fantásticos? ¿Quién era aquel Preste Juan? Según una de las misteriosas cartas que circularon por Europa a partir de 1165, el soberano decía de sí mismo: «Y sabed que me llaman el Preste Juan porque debo ser tan humilde como un sacerdote. Y porque la de sacerdote es la mayor dignidad que existe y porque Jesucristo fue sacerdote y clérigo, enalteciendo tanto este nombre, me llaman el Preste Juan»1. Si existió alguien parecido al Preste Juan, ¿dónde vivió y dónde murió? Varios viajeros no
dudaron de su existencia y lo buscaron en los confines de Asia.
Algunos creyeron haberlo encontrado y otros regresaron frustrados y decepcionados después de una infructuosa búsqueda. Pero nadie se quedó indiferente ante su historia. El reino de Preste Juan es un lugar que roza la utopía. En aquel amplio territorio, enigmático y maravilloso, existen enormes desiertos, como el mar de Arena, y bosques donde viven diversas criaturas o razas humanas que pueden ser monstruosas o angelicales. Algunos de estos seres, especialmente los más monstruosos, son devoradores de carne humana, pérfidos, crueles y traicioneros. Otros son leales al Preste Juan, siempre dispuestos a ayudarle contra los ejércitos invasores. En sus tierras hay grandes riquezas, especialmente oro y piedras preciosas, que abundan por doquier. En sus campos crece toda clase de especias y hierbas medicinales, amén de aquellas que son capaces de exorcizar los demonios de nuestra alma.
Aquellos territorios están poblados de seres imposibles, sacados de un bestiario fantástico, como los sagitarios, gigantes, cíclopes, humanos sin cabeza, hombres salvajes con el cuerpo cubierto por espesa pelambrera, bestias descomunales que recuerdan a los dinosaurios o monstruosidades devoradoras de hombres. Todos  ellos componen un muestrario de seres que el maestrode los efectos especiales Ray Harryhausen —siempre unido materializó sobre el celuloide en películas como Simbad y el Ojo del Tigre (1977) o Lucha de titanes (1981).
En ocasiones el reino del Preste Juan se confunde con el mismísimo Paraíso Terrenal. Según se deduce de los textos, parte de sus dominios podría albergar el Paraíso o colindar con él; es donde nacen los ríos edénicos mencionados en el Génesis bíblico. Algunos creyeron que tales ríos nacían cerca del Ganges, en la India, o en la zona de Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates, cuna de la Humanidad.
También según la leyenda, en aquel fantástico reino se erigieron los dos grande palacios del Preste, más parecidos a escenariosde películas de ciencia-ficción que a edificios medievales. Son palacios mágicos. En el recinto principal se halla un objeto extraordinario, digno de las obras de Julio Verne. Es el Gran Espejo que todo lo ve; es el Gran Hermano orwelliano de la alta Edad Media: un artefacto de respetables dimensiones que sirve para ver cualquier cosa que suceda en las tierras del poderosísimo soberano. En realidad ese aparato recuerda una antena que recoge la información de artefactos que sobrevuelan y fotografían todos los rincones del vasto reino, especialmente para observar rebeliones y movimientos de tropas enemigas, exactamente como harían hoy los satélites militares de las grandes potencias. Como puede observarse, la idea de controlar un territorio desde el cielo no es nueva, ¡sino de hace más de ochocientos años!
El espacio imaginario del reino del rex et sacerdos (rey y sacerdote) estaba constituido por todas las cosas y seres que invadían los sueños y que fomentaban pesadillas en los ciudadanos del mundo medieval. Más allá de las fronteras de sus feudos y sus pequeños reinos sólo había oscuridad, un mundo ignoto habitado por las más quiméricas criaturas capaces de disparar la imaginación del hombre medieval: de ahí podían surgir lobos gigantescos y devoradores, duendes y elfos burlones, gigantes aplastadores de cráneos o víboras capaces de engullir a un descuidado paseante de aquellos penumbrosos territorios.
En la alta Edad Media el imaginario popular se nutría de la tradición grecolatina, en parte registrada en los libros de la Historia natural de Plinio, o de la Biblia y los relatos adyacentes. Los textos científicos, literarios y piadosos recopilaban herbarios, lapidarios y bestiarios, amén de las incipientes novelas de caballería, donde las sagas del rey Arturo o la búsqueda del Santo Grial excitaban la imaginación de las gentes.
El mismo Preste Juan parecía un personaje extraído de las compilaciones religiosas y místicas. Como se ha sugerido, la figura de este rey-clérigo podría estar emparentanda o asociada simbólicamente con un antepasado bíblico, el oscuro Melquisedec, «rey de Salem, sacerdote de Dios Altísimo». He aquí, quizá, la génesis del mito del «rey y sacerdote», condición tradicionalmente otorgada al Preste Juan.
El mito o la leyenda del Preste Juan, desde luego, asumió algunastrazas populares de los relatos bíblicos o de las compilaciones eclesiásticas, pero también recuperó lo que la Iglesia cristiana había transformado a su vez desde la asimilación del paganismo en los primeros siglos de nuestra era. Así, los megalitos portugueses se transformaron en capillas católicas y los menhires franceses se cristianizaron con cruces. Las cuevas, las fuentes, las rocas y todo el bagaje místico y esotérico ancestral se adaptó a la teocracia romana. La magia no desapareció con el advenimiento de la Iglesia Apostólica Romana, sino que se transformó en milagrería y superstición, muchas veces impulsadas desde san Pedro. La fiebre medieval de las reliquias es parte de esa tradición secular y primitiva. A lo largo de los llamados siglos oscuros de Europa cualquier parroquia que se preciara quería tener en su altar una reliquia sagrada.
Podría ser un pedazo del cráneo de santo Remigio, una uña de María Magdalena... o un lignum Crucis, un trozo de la Cruz donde expiró Cristo. Esta pasión por los despojos sagrados generó un intenso movimiento de reliquias —la mayoría, falsas— entre Oriente y Europa. El Preste Juan también tenía sus propias reliquias, pues era el guardián del cuerpo momificado o incorrupto de santo Tomás, el apóstol de las Indias.


EL REY DEL MUNDO
Para el gran estudioso de las religiones comparadas René Guénon, el Preste Juan era el «Rey del Mundo», o mejor, el «Brahâtmâ» o el «Dueño de los Tres Mundos» de la tradición hindú. Esto cuadra con el título que el Preste ostenta de «Señor de las Tres Indias». Estos poderes estarían también presentes en los Magos del Evangelio (aunque en san Mateo no se habla de reyes, sólo de «magos», sin especificar cuántos eran) que el místico galo considera como los «tres jefes de Agartha», el misterioso reino perdido que tantos han buscado y siguen buscando en algún lugar remoto de Asia. Veamos lo que decía el erudito a este respecto: «El Mahânga ofrece a Cristo el oro y le saluda como Rey; el Mahâtmâ le ofrece el incienso y le saluda como “Sacerdote”; y por último, el Brahâtmâ le ofrece la mirra (el bálsamo de incorruptibilidad, imagen del Amritâ) y le saluda como “Profeta” o Maestro Espiritual por excelencia. El homenaje así rendido al Cristo naciente, en los tres mundos que son sus dominios respectivos, por los representantes auténticos de la tradición primordial, es al mismo tiempo, observémoslo, el testimonio de la ortodoxia perfecta del cristianismo con respecto a ésta».El Preste Juan es, además, un símbolo eminentemente solar y, en consecuencia, crístico, es decir, relacionado con Jesús Cristo.Guénon nos habla del «Sol Justitiae» y se refiere a los atributos del rey bíblico Melquisedec o Melki-Tsedeq. El león, animal presente en la carta del Preste (y que siempre vence al mítico unicornio) es también un animal solar, sea en la antigüedad como en la Edad Media, amén de símbolo de justicia y de poder.
No por casualidad el signo zodiacal de León es el domicilio astral del mismo Sol y el Sol también simboliza a Cristo, de cuyos doce rayos místicos surgen los doce apóstoles. Guénon señala que la palabra apóstolos significa «enviado» y los rayos son también «enviados por el Sol». En la carta del Preste veremos este número mágico,el 12, en varios párrafos, asociados a personas que rodean elmítico rey.
En definitiva, las cartas del Preste Juan parecen contener información astrológica y mística que se remonta a la más lejana antigüedad: una información recogida en los zigurats babilónicos y sincretizada a lo largo de los siglos hasta alcanzar la Edad Media.
 

SAN JUAN EVANGELISTA Y EL PRESTE JUAN
Se ha querido identificar al Preste Juan con el mismísimo san Juan Evangelista —apóstol de Cristo—, que escribió al parecer el cuarto Evangelio. Por supuesto, no debe confundirse con san Juan Bautista,el profeta que bautizó a Jesús Cristo en las aguas del Jordán. La asociación se establece entre Preste Juan y Juan Evangelistano sólo por el nombre Juan, sino que guarda relación con el hecho de que todas las iglesias cristianas orientales recibieran una fuerte influencia de este discípulo de Jesús Cristo.

A finales del siglo XIX el historiador portugués.................

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